domingo, 10 de mayo de 2015

LA DESPEDIDA

 
 Al otro lado de la habitación se escuchaba a las mujeres con sus jaculatorias, sin descanso alguno, simplemente dando alguna cabezada que parecía que iban a dar con sus cabezas en el suelo, pero sin dejar de rezar y de vez en cuando santiguarse por el alma de Pablo, tía Engracia como maestra de ceremonias por ser la más veterana del grupo tras volver a mirar por la rendija de la contraventana se le oyó exclamar ¡ y sigue nevando! y así sucesivamente siguieron las unas al lado de las otras con cara de preocupación, más que de cansancio ya que no recordaban nevada como aquella en muchos tiempos en el lugar.
  Tía Luna andaba de nuevo en sus elucubraciones al lado del féretro acariciando con sus manos la Dulzaina que tantas veces oyó tocar a Pablo en sus duros ratos de asueto y mientras acariciaba la Dulzaina se acordaba de la cabezonería que le entro al volver del frente de querer exiliarse a tierras extrañas, ya que decía que aquel no era lugar para el y menos para afrontar la reconstrucción de cada rincón del pueblo, ya que había sido fuertemente castigado por los dos bandos, pero menos mal que allí anda tía Luna para quitarle de su cabeza esos aires románticos o de descubridor de otros confines, así fue como sucedió que al cabo de unos días se le marcharon de la cabeza a Pablo las ganas de dejar todo y marcharse así sin más.
 Mientras tía Luna andaba repasando los recuerdos las mujeres seguían junto al hogar esperando que amaneciera y dejara de nevar ya que llevaba nevando desde el mismo momento en que Pablo había dado su último suspiro a la vida.
                                                                                (continuara)  
 

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