lunes, 11 de mayo de 2015

LA DESPEDIDA

 
 Tía Engracia no dejaba de asomarse por la contraventana a ver si daba tregua el temporal que se había desatado y que había predicho hacia tiempos inmemoriales aquel pergamino que la casualidad hizo que cayera en sus manos y dedicara el mayor tiempo de su ahora longeva vida en seguir descifrando, pero aquel fuerte temporal no parecía que fuera a amainar ya que cada segundo que pasaba nevaba  con más rabia, tras cerrar la contraventana tía Engracia dejo caer sus palabras de desconsuelo en una exclamación; ¡ Dios mío porque no nos dejas enterrar a Pablo y así descanse en la paz del cementerio! tras aquella exclamación llamo a tía Luna y a las mujeres y les dijo- por el bien del difunto y de todas nosotras en que llegue la nueva amanecida sería conveniente dar sepultura a Pablo, aun que no deje de nevar y sin mediar palabra ninguna todas asintieron con la cabeza dando su conformidad.
 
 Tía Luna tomo en sus manos la Dulzaina y como del canto del gallo se tratara comenzó a tocar aquella melodía que tantas veces había escuchado desde la soledad de su aposento y así se dieron cuenta que estaba amaneciendo. Tras la melodía de la Dulzaina luchando contra las inclemencias del tiempo y del terreno fueron camino del cementerio a dar sepultura a Pablo como Dios manda.
 Una vez enterrado Pablo, como ocurrió el día de su muerte con el grito de tía Luna dejo de nevar.
                                                                           Fin. 
 

1 comentario:

  1. Me he leído los capítulos que me faltaban que eran como tres, debo felicitarte ha sido una historia muy amena y que enganchaba, con unos personajes que se hacían querer.
    A la espera quedo de tu próxima historia.
    Un saludo.

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