sábado, 2 de mayo de 2015

LA DESPEDIDA

 Tía Luna salió por un momento de la habitación a ver a las mujeres con sus lutos cargadas murmurando las letanías de aquel que pudiera ser el último rosario de la noche y ver que todas mantenían la promesa de no derramar lágrima alguna que le había hecho al difunto y así quedar en la gloria de ver satisfecha la promesa. Entonces tía Luna se apresuro hacia la cocina de carbón, azuzo el fuego con el tizón y puso a calentar el café de aquella noche fría y larga de penitencias y rezos.
 Una vez servido el aromático café a las mujeres, volvió al lado de Pablo como si quisiera resarcirse de todo tiempo que no había estado al lado de el en vida, porque ella desde sus silencios más temerosos y largos siempre le había amado y deseado acompañarlo en cada una de sus hábiles y algunas veces grotescas aventuras, ahora solamente lo miraba allí dentro de aquel féretro hecho para la ocasión hacia ya unos cuantos años por las hábiles manos de Pablo, que ironía fabricarse uno mismo la caja donde descansaría el descanso eterno de la vida se decía Luna así misma, pero era lo más normal pues había sido uno de los mayores carpinteros a la redonda. Ahí si te vieras ahora Pablo cuanto alardearías de tu dulce figura y de estos amargos ojos que toda la noche llevan mirándote sin descanso. Tu que fuiste viento de libertad y que viviste por y para la libertad, ahora te encuentras tendido en tu ataúd mientras las mujeres del pueblo honran tu despedida con la tranquilidad que siempre las caracterizo y esa gallardía en momentos adversos y yo aquí junto a tu cadáver intentando no desencajarme cuando recuerdo lo que en vida fuiste e hiciste por cada uno de los que aquí te homenajeamos ahora en esta triste y amarga despedida.
 Hace tan solo un instante cuando te deje solo con tu perra la cual también a querido honrar tu memoria y no te a dejado ni un instante solo, he recordado aquellos tiempos lejanos de luchas y miserias que pasaste y pasamos todos después de aquella dura y cruenta guerra civil, aquella guerra que te llevo a luchar y conocer gentes de todos los rincones en todos los frentes y e recordado cuando nos encontrábamos en las puertas de abastos con nuestra cartilla de racionamiento a altas horas de la madrugada bajo un frío insoportable para poder llevar a casa un mal trozo de carne para salir adelante y así recordando lo lejanamente vivido me he preguntado el porque de tanto sufrir cuando para ser libre y feliz como decías tu no hacia falta más que conformarse uno con lo poco de cada día.
 Las mujeres seguían en la cadiera calentándose del frío de la noche sin dejar por un momento de velar a Pablo, eso si de vez en cuando dejaban que el silencio se posara sobre la vieja casa y ellas con el misterio de sus ojos se miraran unas a otras sin decir nada, con la cara desencajada por lo que allí celebraban.
 Tía Luna seguía repasando los momentos de una vida que en muchos momentos fue tan adversa como el tiempo y la cual jamás de los jamases oyó una sola palabra de protesta de el pobre Pablo, sino todo lo contrario, ya que bajo unas creencias pobres a su manera más distinguida siempre daba gracias por vivir como vivía.

2 comentarios:

  1. Así somos los humanos: poca cabeza y nada de alma tal vez.

    ResponderEliminar
  2. Si por eso imagine una historia como esta y encima casi basada en hechos reales.

    ResponderEliminar