miércoles, 6 de mayo de 2015

LA DESPEDIDA

 Tía Luna no entendía o no quería entender el porque de aquella carta y menos el significado de aquellas palabras hacia ella de Pablo, aunque tía Luna sabia que llegado el momento de rendir Pablo cuentas ante Dios se definiría hacia ella por el apoyo que había mantenido durante toda la vida, sin decirse el uno al otro que se querían. Por lo tanto solo dio una palabra contundente, si Pablo lo dispuso así, que así se cumpla.
 Las mujeres seguían atónitas a las palabras de tía Luna, mirándose unas a otras sin mediar palabra en la puerta de la habitación donde habían colocado a Pablo para honrarle durante la larga noche y así continuaron  un buen rato hasta que llego tía Engracia y les dijo con su rotunda voz cazallera, dejemos a Luna sola, vayamos a seguir con nuestras rogativas al calor del fogarín, aun que el alma de Pablo no necesite de nuestras plegarias por su bondad infinita, necesita de estar a solas con tía Luna y ella necesita la serenidad de la noche para seguir honrando su memoria como en vida hizo por el desde que quedo solo en este mundo.
 Tía Engracia y las mujeres siguieron con sus plegarias sin cesar por su eterno descanso junto a la charada del fuego que les daba calor en aquella intempestiva noche de nieve y hielo, con la cabeza unas cacha y otras mirando al techo rogaban sin descanso, haciendo de las paredes de aquella enorme casa unas paredes cubiertas por el dolor y a la vez por el amor que se profesaron en el silencio y en el cruce de miradas eternas.
 Cuando acabaron sus oraciones tía Engracia se levanto y fue hasta la ventana y abriendo la contraventana miro la oscuridad de la noche y con un hilo de voz esta vez dijo- Dios mío y sigue nevando cada vez más. Tras aquellas palabras de tía Engracia volvió el silencio duro con sabor a muerte y las mujeres siguieron unas al lado de las otras cruzándose simplemente la mirada en una pose de extrema meditación e intentando estar  alerta por si tía Luna las llamaba para preparar el cadáver de Pablo para la nueva amanecida que pronto llegaría y abría que enterrarlo, pero como había dicho tía Engracia seguía nevando y deberían seguir velando a Pablo hasta que dejase de nevar, ya que en esas condiciones no podían celebrar el funeral, ya que por si solo con buen tiempo era una odisea llegar al camposanto con la que estaba cayendo mejor ni intentarlo ya que todas sabían que era misión imposible.

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