sábado, 9 de mayo de 2015

LA DESPEDIDA

 
Pablo ahora me estaba acordando de las veces que te oído decir en esta vida cubierta de enredaderas en el camino; "del polvo venimos y en polvo nos convertiremos" y después añadías con tu sabiduría; desde el momento en que somos engendrados comenzamos a morir, porque la vida es eso vivir y morir, y añadías; con la única que no se puede negociar es con la muerte, más eso si a ella no le importa que seas rico, pobre, triunfador o un eterno fracasado ya que ante ella todos somos iguales, no te faltaba razón alguna a tan sabía deducción,  ves ahora tu lo estas comprobando desde ese ataúd labrado con el cincel por tus propias manos, tu nostálgico carpintero que toda la vida as andado haciendo la cama al descanso eterno para todos aquellos que nos han ido dejando en este rincón tan preciado por los que ahora nos quedamos.
 Por un momento tía Luna se quedo mirando el rostro angelical de pablo, pues el tiempo había ido pasando sobre el pero aun conservaba la tez del niño que en los ratos de asueto correteaba por las eras.
 Mira si soy tonta Pablo que mirando tu cara de difunto angelical mientras recuerdo aquellos inmensurables momentos de nuestras vidas, no consigo más que hacer caso a tu promesa de no derramar ni una lágrima por tu eterna y apacible muerte y todo por lo que te ame y te sigo amando. E igualmente tengo que decirte que por todo lo que en tus silencios me amaste y me deseaste tu voluntad será cumplida como me pediste en aquella carta que misteriosamente llego hasta esta tu casa, y porque tienes razón y derecho a que te enterremos en esa tumba que tus manos ajadas por el esfuerzo y el tiempo cavaste para tu dulce eterno descanso y no te preocupes pues no abra ni esculturas, ni nombre alguno en memoria no solamente de tu querido anonimato sino porque pasaste por la vida sin meter ruido.
                                                                    (continuara) 


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