viernes, 12 de junio de 2015

EL REVÓLVER III


  Caminaste sin descanso y cuando la noche comenzaba a suspirar te tomaste un trago, compraste un paquete de cigarrillos y volviste por las mismas calles que seguían oliendo a orín de perro cruzándote con prostitutas que andaban a la caza de algún despistado deseoso de probar suerte en el sexo, todo lo que en el paseo nocturno habías visto con tus ojos te repugnaba, te daba una rabia tan desesperante que casi comenzaba darte ascos la vida, pero tu sabías que debías de seguir adelante hasta llegar a aquella mugrienta habitación donde ella con el rímel  de sus ojos corrido seguía desnuda e indecisa por la decisión que había tomado, tu lo creías así y simplemente pensabas en que probablemente cuando entraras por la puerta se tiraría sobre tu cuello besándote con la misma pasión que te besaba cuando echabais algún que otro polvo, pero cuando llegaste a las inmediaciones del hotel donde os habíais hospedado viste lo que no podías imaginar que vieras o presintieras las estridentes sirenas de los coches de la policía y de la ambulancia que intentaban resolver lo que ya no se podía resolver. Hicieron todo lo que pudieron pero no hubo forma de salvarle la vida, alguien de la alcahuetería de aquel siniestro barrio dijo- a sucedido lo que tenía que suceder.
 Al escuchar aquella lacónica frase y ver semejante revuelo no te atreviste a acercarte hasta el lugar de los hechos y desde aquella fría lejanía observaste con lágrimas en tus ojos como se llevaban el cadáver de aquella a la que habías amado, querido y deseado desde el día en que un golpe de suerte hizo que os conocierais.
 Tras haber observado desde la distancia la dantesca imagen cuando aquellos oscuros porteadores bajaron su cadáver de la habitación de aquel infesto hotel, y aun escuchando los lamentos de los vecinos te fuiste disipando como se disipa el día dando paso a la noche y sabiendo que en tu interior solo quedaría el recuerdo de aquellos meses de excesos de alcohol y sexo. 
 Cabizbajo mientras andabas despacio, con pies de plomo en tu interior solo se oía una frase que desde el día en que os conocisteis habías oído-Era lo que tenía que suceder, ya que todos que la conocían lo sabían que acabaría como había acabado.
 
                                                              FIN

1 comentario:

  1. Oh! Juan Carlos, qué quieres que te diga, me dio pena el pobre hombre enamorado sin suerte.
    Excelente relato amigo, hay situaciones en la vida que están dadas para suceder y al parecer ésta era una de esas. Pero me gustan los finales rosas, por tanto sufrí con el tuyo.
    Saludos y un brazo.

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