miércoles, 25 de noviembre de 2015

A ESA RUBIA


 Hace un rato que nieva, caen copos pequeños y grandes, la calle comienza a vestirse con una capa blanca, hermosa y resbaladiza, mirando por la ventana me siento feliz, más que contento, pues me gusta ver nevar.
 Quiero sentir el deleite que produce la nieve y por tanto bajo a la cafetería y desde la ventana de la cafetería observo como van cayendo los copos blancos e inmaculados, por un momento extasiado por tal circunstancia meteorológica dejo descuidada a la rubia que nunca me dice que no, ella no entiende, no comprende mi éxtasis y sigue hay sobre la mesa esperando a que mis labios se poseen sobre ella y la saboree sensualmente, yo sigo a la mía, mirando por la ventana, sin importarme que unos adolescentes enamorados se estén metiendo mano en un rincón a media luz de la cafetería, la camarera también observa como caen los copos de nieve y van vistiendo la calle de blanco. De pronto una voz ronca estropea el silencio producido por el espectáculo de la nieve y da los buenos días, entonces me doy cuenta de ella que sigue sobre la mesa y yo sin hacerle caso, la e tenido abandonada, huérfana de mis caricias y mis atenciones, entonces la acaricio con mi mano, la tomo entre ellas y la miro, la acerco a mis labios y con posesión absorbo un buen trago, lo saboreo y lo trago, vuelvo a dejarla sobre la mesa, en la calle sigue nevando y los adolescentes del rincón se han marchado cansados de meterse mano y darse melancólicos besos poseídos por un amor reciente, tan reciente que parece que haya salido de hacerse en el horno. Vuelvo a tener en mis manos a mi compañera inseparable, la vuelvo a acariciar, aun sigue fría y espumosa, me la llevo a mis labios y como si de un rito se tratara la poseo y le digo; tu nunca me as dicho que no, tu no eres una rubia de bote, tu simplemente eres hija de la cebada y de la fermentación y por lo tanto eres la cerveza.
 En la calle sigue nevando.

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