miércoles, 2 de agosto de 2017

EL ÚLTIMO TRAGO.



En la desmesurada arrogancia
de mi ser entretejido,
duermo el silencio mal herido
sobre las sombras del whisky
mirando entre el cristal del vaso,
como dos hielos
se enzarzan haciendo el amor.
Es el último trago,
la noche se hace amanecida
y yo ando solo con mi bruma,
intento dormir el dolor de cabeza,
la resaca me sale por la boca
para quedarse tumbada en una esquina.
Es ahora,
la hora de los sueños
el grito de los que se tambalean,
en el fragor de la última batalla,
entre el alcohol y el sexo.
Allí,
como siempre
esta ella,
apostada en la esquina
donde la madrugada se deriva en melancolía
enfundada en sus medias de rejilla,
luciendo los encantos
en otras noches de lujuria comidos.
Sigue como siempre
tirando besos al aire,
cubiertos de un rojo escarlata
y un pecho desafiando al descubierto,
beodas miradas
la masturban
pero ella espera mi paso,
silencioso y tortuoso
el cual al verlo
de su garganta salta el grito del placer,
diciéndome,
con su melosa voz;
quieres amantarte.